Por Carlos Beer
Desde este espacio hemos pregonado una y mil veces la sensación de que el polo tenía que derrumbar sus propias fronteras. Más que una sensación personal se cree que es una necesidad colectiva.
Así, como se dijo, los test matches en su momento y el torneo de las Cuatro Naciones, ahora, ayudan en este camino. Es más: resulta poco ante el crecimiento que experimentó nuestro deporte en los últimos años. Porcentualmente, se trata de una de las disciplinas que más mejoras cuantitativas y cualitativas tuvo de un corto tiempo a esta parte. Falta el empujón definitivo, el salto de calidad.
Dentro de poquito más de un mes, en París, el polo vivirá un acontecimiento hermosamente inédito: un partido de 80 goles. Con los mejores de los mejores. Acá, cuando se dan partidos de este tipo, concurren los expertos, los sabiondos de turno (a propósito: ¿por qué tantas críticas en el foro de manera gratuita? ¿Será un deporte argentino esto de criticar sólo por criticar?), conocedores, y aficionados. Poca gente nueva.
Esa es la diferencia de lo que sucederá en París. Habrá gente que nunca vio este deporte. Algunos, se olvidarán al otro día. Otros, se engancharán. Y comenzará a girar la rueda: más público allá, algunos que vendrá acá, otros que querrán jugar, algunos medios internacionales que le darán más lugar al deporte. Y gira, gira. Gira la rueda mágica…
Tags: Carlos Beer, Copa de las Naciones, Paris, The Perfect Match

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