” El amor al caballo, jamás es indicio de un alma vulgar. ”
Existe una creencia generalizada que expresa que la muerte termina con la vida, pero no con una relación. Nadie a quien hayamos amado y valorado por sus virtudes, calidad y calidez humana o lisa y llanamente por su modo de ser, puede desaparecer por completo de nuestra memoria. El recordar a Gonzalo Tanoira y valorar lo que significó su paso por la vida, hace mas intensa esa relación y va mucho mas allá de su desaparición física, siendo la misma algo con lo que necesariamente tenemos que aprender a vivir. Una trayectoria de vida impecable. Una personalidad sin fisuras; sin ruidos ni estridencias: como el mas profundo y caudaloso de los ríos. Siempre fiel a sus principios y a sus amigos. Dueño de un equilibrio emocional rayano en lo perfecto; la palabra exacta en el momento justo y siempre atada al péndulo que oscila entre la simpleza y la prudencia, virtudes estas que magnificaron su figura al frente de la Asociación Argentina de Polo, a la que llegó por imperio de determinadas circuntancias y con el tácito apoyo de dirigentes y jugadores, que rescataron en su figura, el perfil exacto para que los representara.
Supo con sensatez aceptar críticas intentando encontar el camino del diálogo y la comprensión, tendiendo líneas para un acercamiento que fructificara en promesas de concretas soluciones. El polo del interior vió en él a un interlocutor válido, dispuesto siempre a escuchar sus inquietudes.
Deportista cabal. Sin lugar a dudas el más exquisito jugador de polo de su época – y por que no de la actual – eximio jinete, poseedor de un taqueo y calidad de juego excepcional, con una única asignatura pendiente en su extensa trayectoria deportiva: nunca pudo ganar el Abierto Argentino de Palermo, la máxima competencia mundial en esta disciplina, a pesar de haber mantenido durante trece años el handicap ideal: 10 goles de valorización.
Vieron su accionar los equipos de Mar del plata, Coronel Suárez, Pilarchico integrando el seleccionado nacional para la disputa de la Copa de las Américas en 1980.
Durante más de veinticinco años integró la ” cúpula de magníficos ” junto a Juan Carlitos y Alfredo Harriot, Alberto y Horacio Heguy, Gastón y Francisco Dorignac, Daniel González, Gonzalo Pieres, Cacho Merlos y Alex Garrahan, entre otros.
Hace cuatro años se fue un crack. Un grande del polo. Un padre de familia excepcional y un señor en la vida. CESAR TITO ROMAN.-
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