Por Daniel Balmaceda, autor de Historias inesperadas de la historia argentina.
La historia del bravo guerrero de Junín, del Partido que le rinde homenaje y de cómo el polo entusiasmó a los Garrós y los Alberdi hace ochenta años.
A las dos de la tarde del 6 de agosto de 1824 en Junín (Perú) se produjo uno de los momentos más impresionantes que puedan darse en un combate: el espantoso choque de dos caballerías de frente. Es una acción de altísimo riesgo para los jinetes, pero además provoca un estruendo que estremece por el solo hecho de recordarlo. En aquella oportunidad, los hombres que encabezaba el granadero Mariano Necochea se estrellaron contra las lanzas de cuatro metros de los invencibles cazadores realistas del coronel Eguía. Perforado por al menos siete lanzazos, Necochea buscó escapar aferrado al cogote de su animal, pero cayó abatido a la vez que la caballería patriota se desbandaba presagiando una derrota olímpica.
Hasta el propio Simón Bolívar –comandante del Ejército Libertador– huyó al galope para situarse detrás de la artillería en la lejana retaguardia. Fuera del corredor en donde unos perseguían a otros, el coronel Isidoro Suárez, al frente de los Húsares del Perú (que aguardaban instrucciones porque debían actuar como fuerza de reserva), observaba la humillante fuga de sus camaradas. Casi sin meditarlo, pegó el grito y lanzó a sus hombres contra los realistas que corrían a los desbandados. Hasta ese minuto, Junín era una clara victoria realista. Pero Suárez y los peruanos cargaron con tanta fuerza, que arrollaron a los que cantaban victoria. Cuando las otras caballerías independentistas advirtieron la maniobra, volcaron para encerrar a los enemigos entre los dos frentes. El resultado fue contundente. Las bajas de los españoles fueron de 324 hombres y todo ocurrió en media hora.
Un emisario corrió a comunicarle al generalísimo –y sorprendidísimo– Bolívar que él era el vencedor. A la tardecita, cuando pasó revista, se plantó delante de Suárez y sus hombres, y gritó: “Cuando la historia registre la gloriosa batalla de Junín, si es justa y severa atribuirá todo el valor y audacia a este joven coronel y a vosotros que ya no os denominaréis Húsares del Perú. Desde hoy seréis Lanceros de Junín”. Esa misma noche dictó el parte de batalla. Plagado de nombres, acciones y estrategias. Pero incompleto: olvidó aunque sea una pequeña mención al coronel Suárez y los Lanceros de Junín.
En 1846, el bravo guerrero murió en Montevideo, apenas rodeado por los seres queridos. Pasaron veinte años hasta que una calle de La Boca fue bautizada con su nombre. En 1879 repatriaron sus restos. Tres años más tarde, al sudoeste de la provincia de Buenos Aires nacía el Partido de Coronel Suárez, justo homenaje a uno de los granaderos que libertaron medio continente. Para más datos, fue bisabuelo materno de Jorge Luis Borges, cuyo nombre completo era Jorge Francisco Isidoro Luis Borges. El Isidoro ya sabemos de dónde le vino.
Los orígenes del pueblo
La prehistoria del Partido de Coronel Suárez está vinculada con Eduardo Casey. Este hijo de irlandeses nacido en Lobos había comprado 72 leguas en Santa Fe (1881) para fundar una colonia. Los pobladores querían llamarla Colonia Casey. Pero Eduardo estaba encantado con una leyenda del lugar que hablaba de la presencia de un venado de un solo ojo que aparecía para advertir sobre la llegada de malones. Esa era historia que lo llevó a bautizar el lugar con el nombre de Venado Tuerto.
Con las mismas intenciones, en 1882 compró 111 leguas en la provincia de Buenos Aires –conocidas con el nombre de Concesión Curamalán– a Ángel Plaza Montero. La estación de tren se llamó Sauce Corto, copiando el nombre del fortín que defendía esa zona, y esto hizo que muchos denominaran al territorio de esa manera. Sin embargo, por ser cabecera del partido que acababa de crearse, el nombre que perduró fue el de Coronel Suárez.
Los primeros habitantes arribaron cuando en Buenos Aires un sacerdote ruso le pidió a Casey auxilio para ochenta familias que habían sido desplazadas desde otra colonia. Así se logró el primer asentamiento. Pero el verdadero desarrollo económico se dio a partir de que Sixto Rodríguez recibió una concesión de 2.000 hectáreas y creó el centro agrícola Las Golondrinas. El propio colonizador Casey –casado con María Inés Gahan– donó el edificio municipal (1888). La iglesia tardaría un poco más (Nuestra Señora del Carmen, 1899). Hasta que se completó la construcción, los oficios se celebraban en una casita que luego fue un hotel.
La ciudad comenzó a poblarse. Por ejemplo, desde Azul arribaría un personaje singular: Celestino Garrós. Entre los primeros vecinos podemos nombrar también a Cleto Santamarina (quien puso Casa de Comercio), Ezequiel Lacabe (empleado en el comercio de Santamarina), José Borau, Jaime Brú, Braulio Francisco Alberdi (don Francisco para todos) y Daniel Saturnino Amadeo y Videla. Más adelante, Campbell y Mackinlay instalarían un negocio más concurrido de la zona, cuyo largo cartel anunciaba: “La Curamalán, almacén, ferretería, corralón de maderas y fierros útiles de agricultura”.
La tradición familiar cuenta que cuando don Celestino Garrós reunió dinero para comprar un campo (que llamaría El Recreo), desde una marca galopó hasta que el caballo comenzó a mostrar signos de fatiga. Y entonces dijo: “Compro hasta acá”. Además, fue protagonista de uno de los primeros casamientos de Coronel Suárez: Celestino se unió en 1889 con María Simona Alberdi, hija de don Francisco. Como la iglesia todavía no existía, suponemos que se casó en el futuro hotel.
El 6 de agosto de 1904, cuando se cumplieron los sesenta años de la batalla de Junín, en la plaza se inauguró el monumento al coronel Isidoro Suárez. Dos de sus hijos asistieron al acto: Leonor y Niceto. Ercilla, la del medio (y que sobrevivió a todos), nunca fue por motivos que desconocemos.
La instalación del Hospital de Caridad, contemporánea a la inauguración del monumento, modificó el ritmo de Coronel Suárez. Porque era el más completo de la zona, con dos salas (una de hombres, otra de mujeres) de 25 camas cada una; más la novedosa salita de rayos equis. No sólo de los alrededores, sino también de las localidades vecinas se trasladaban al célebre hospital de Coronel Suárez, que estaba dirigido por un joven médico, morocho y de largos mostachos de mosquetero: Juan Harriott, quien se casó en 1913 con Dolores Alberdi, hermana menor de María Simona.
El partido creció en densidad y en campos. Además de El Recreo de don Celestino, surgieron San Anselmo, Santa Catalina, La Sofía (de Sofía Pineyro de Ayarragaray), El Huascar, San José (de Francisco Alberdi), Santa Ana (de Daniel Amadeo y Videla, abuelo de la célebre Norita Amadeo y Videla de Heguy), La Curamalán y otros. En cuanto a entretenimientos, las dos principales atracciones de Coronel Suárez hace cien años eran el bar La Bolsa, donde medio pueblo asistía a las funciones de cine, y la temporada de skating –en pista de madera– en el teatro Luciano Manara. ¿Acaso el polo no era un entretenimiento? Hasta ese momento, no.
El polo asoma en Suárez
Según la tradición, la práctica se inició después de que la Argentina obtuviera la medalla dorada de polo en los Juegos Olímpicos de 1924. Porque mucho tuvo que ver la presencia en Suárez de uno de los campeones olímpicos, Enrique Padilla, cuya madre –según nos hizo notar Norberto Padilla– tenía un nombre perfecto: Nieves Frías (perdón por la digresión, pero creemos que valía la pena). Cuenta Virginia Carreño que “Enrique Padilla, oficial de artillería, a su retorno de Europa había ido con su mujer a pasar unos días en Coronel Suárez, y los muchachos de las estancias quedaron entusiasmados con el juego”. Además dice que “en ausencia de su marido, la señora Padilla les explicaba las reglas creyendo de buena fe que sólo se pegaba a la bocha con la punta del taco”. Más allá de la curiosa forma en que Lía García de Padilla suponía que se jugaba, es notorio que las lecciones del crack no cayeron en saco roto.
El polo de estancia se inició en 1927 en La María (de María Simona Alberdi de Garrós, la tatarabuela de Silvestre). Luego de algunas prácticas en donde jinetes y caballos comenzaron a entenderse, en junio se realizó el primer partido. El Ñandú (los hermanos Jorge y Jack Grant, H. Cadmus y Leslie Maitland) enfrentaron a un cuarteto de la casa, que se denominó Melipeñi y estaba integrado por Totón (es decir, Juan), Eduardo, Santiago y Ricardo Garrós, todos hijos de Celestino y María. Ganaron los “ñandúes”.
Pocas semanas después visitó a los noveles polistas un equipo más experimentado proveniente del Partido de Coronel Dorrego. Si bien aquel duelo de coroneles lo ganó Dorrego, el fanatismo ya estaba instalado. En 1929 se fundó el Coronel Suárez Polo Club por iniciativa de Santiago Garrós. Su primer presidente fue Daniel Amadeo (h), el tío de Norita. Arrendaron un espacio para las canchas. La inauguración se celebró con un partido donde estuvo en juego la Copa Iniciación y contó con dos glorias del polo de aquel tiempo: Manuel “Paisano” Andrada y el mismísimo Enrique Padilla. Cada uno jugó para uno de los equipos. Enrique “Quito” Alberdi, Ricardo y Eduardo Garrós, junto a Padilla, alzaron el trofeo.
A partir de allí el nombre de Coronel Suárez comenzó a sonar con insistencia en el mundo del polo. En 1933, el club disputó en Buenos Aires un partido antológico contra un equipo sudafricano. Los suarences eran David y los sudafricanos Goliat. Ganó Goliat, pero recién en el chukker suplementario.
Un tal Juancarlitos
En 1934, por primera vez Coronel Suárez se adjudicó el Abierto de la República. Los cuatro héroes fueron los Garrós –Ricardo y Eduardo– junto a Quito y Juan Carlos “Bebé” Alberdi. El suplente de ese equipo fue un joven soltero de 22 años, hijo del primer médico –el del mostacho– y de Dolores Alberdi: Juan Carlos Harriott (lo llamaban Toto), quien se casó en 1935 con Elvira de Lusarreta y fueron padres de Juancarlitos (en 1936) y de Alfredo (1939). Antes de avanzar hacia la nueva conquista en Palermo, es preciso aclarar que el médico Harriott y Dolores Alberdi también fueron padres de Fanny Harriott, quien se emparenta con la mitad de los ases del polo. Fanny, además de ser prima hermana de Quito y Bebé, y hermana de Juan Carlos padre, es tía de Juancarlitos y de Alfredo; madre política de Alberto Pedro Heguy y, por lo tanto, abuela de Pepe, el Ruso, Nachi y Tomás. Estas relaciones la convierten en la persona que más años ha tenido al menos un pariente vencedor en Palermo: nada menos que 37 Abiertos.
Hablando de Abiertos de Palermo, recién en 1952 Coronel Suárez iba ganar el segundo de su historia. En aquel equipo jugaron Toto Harriott, Enrique Alberdi (que era el gran ídolo de Juancarlitos), Rubén Fernández Sarraúa y Francisco Reyes Carrere. Con un par de cambios, reconquistaron el título en 1953. Aún lejos del alto nivel, durante esa temporada, Juan Carlos Harriott (h) había obtenido con 17 años, su primer gol de handicap.
Un hito en la historia del club fue la celebración de sus 25 años. En abril de 1954 se jugó el Torneo Bodas de Plata y contó con la participación de un equipo legendario: el cuarteto que en 1934 había ganado el Abierto. Se presentaron con un nombre singular que incluía un sugestivo paréntesis: Coronel Suárez Malón (20 años después). Los hermanos Garrós tenían 4 goles cada uno, Bebé Alberdi sumaba 6 y Quito, 9. El rival a vencer en el torneo del aniversario era Coronel Suárez Ranqueles. El cacique del equipo era Toto Harriott, con 7 goles. Lo acompañaban Jorge Amadeo y Videla (4), H. Zavalía (4) y el hijo mayor del cacique, que en la última temporada había subido dos goles juntos: Juancarlitos jugó el Bodas de Plata con tres goles.
El cuarto Abierto que consiguió Coronel Suárez fue en 1957 y tiene la particularidad de que los Harriott –padre e hijo– jugaron juntos. Desde ese año hasta 1964 (salvo 1960) ganaron todos. Luego siguió el hijo con la costumbre de levantar trofeos. A través del tiempo se convirtió en el diez más barato de la historia del polo. Alfredo se sumó en 1967 y ese sería el primer año que competía el cuarteto de los hermanos Heguy y los Harriott. “Pero además están los Araya, los Díaz Alberdi, los Boudou, los Badiola. Todos están emparentados”, afirma el suarence Pedro Tenti Alberdi con orgullo.
Coronel Suárez le dio al polo un jugador único, un caballero en la cancha, un maestro de campeones, como Juancarlitos. Pero hay más: el Coronel Suárez Polo Club ha ganado 26 veces el Abierto y fue el primero del planeta que consiguió presentar en una competencia un equipo de 40 goles: Alberto Pedro y Horacio Heguy, Juan Carlos (h) y Alfredo Harriott. Fue, hasta hoy, la única formación que consiguió el Abierto de la República durante diez años consecutivos, entre 1961 y 1970.
Esa tierra de eximios jinetes que parecen imitar a su patrono Isidoro Suárez; esa tierra de locos admirables como don Celestino Garrós, de empuje como Francisco Alberdi y de talentos únicos como el inmenso Juancarlitos Harriott, está emparentada, a través del colonizador Casey, con otra cuna del mejor polo: Venado Tuerto. ¿No será tiempo –nos atrevemos a sugerir– de que ambas localidades disputen una Copa que con total justicia llamen “Eduardo Casey”?
Fotos: Archivo General de la Nación y Archivo particular de Pedro Tenti Alberdi
Foto: 1) Coronel Suárez ganador de la Copa República, 2) Alfredo Harriot, un referente de Sáurez. 3) Plaqueta de Coronel Suárez, el equipo más ganador en la historia de los Abiertos.
Tags: Coronel Suárez, Historia



Comentarios
Formalmente, nuestro padre Thomas Henry Field, registra su entrada al puerto de Buenos Aires en octubre de 1913, bajando del buque de bandera británica Araguaya, dejando constancia de su religión anglicana.- Luego, en 1930 al casarse con una criolla católica, se convierte al catolicismo y bautiza católicos a sus tres hijos, que nacerían entre 1934 y 1938, todos vivos.- Pero años más tarde, supimos en la familia que había estado previamente en el Río de la Plata, y participado en un arreo gigantesco de yeguarizos, cuyo comitente era -precisamente- don Eduardo Casey, embarcados en el flamante Puerto Militar de Bahía Blanca, y con destino a las tropas británicas que participaban en la guerra de los bóers.- En casa se sabía que había estado precisamente en Sudáfrica, pero la que contribuye a esclarecer la naturaleza de esa (digamos) aventura fue -coincidentemente- el relato de la señora Carreño, que en una de sus publicaciones hace mención de aquélla gestión de Don Eduardo, ya entrado los primeros años del siglo.- Con respecto al “polo de estancias” que menciona el articulista, en casa se conservó por años, montura inglesa y breeches de gabardina que, provistas por la administración de la Colonia Las Varas en Alicia, Córdoba…, fueran utilizadas en algun encuentro de polo con “los Lacey” en el Hurlingham Club, entre 1914 y 1922, año en que dejó su puesto en aquél establecimiento rural.- Pero también había debido jugar fútbol en el (o contra) el Alumni de “los” Brown.- Los nombres de “Andrada” o “Gazzotti” era familiares en la casa materna de San Antonio de Padua.- Se fue en el 52, a los 66 años.- Está en Recoleta, junto a mamá y su familia política, de la cual fue un miembro más.-
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