El club de la aristocracia

Carlos Beer. 21 jun 2009

Notas, Noticias

Patricios 1

París. Al chofer de turno no hay que solicitarle el viaje hasta el Club de Polo de París, sino a Bagatelle. Así es como conocen los franceses la zona de su capital donde se encuentra esta entidad fundada en 1892. Se trata de un lugar exclusivo que queda a sólo 10 minutos de auto de la Torre Eiffel. Es decir, una ubicación privilegiada en la Ciudad Luz, tan privilegiada que fue objeto de deseo del partido socialista cuando tomó el poder en París. Pero los intentos por apropiarse del Club de Polo se frustraron.

Hagamos un paseo por esta entidad, de características muy disímiles a las de Argentina. El lugar no es muy grande. Para guiar al lector, la entrada es similar a la del Tortugas Country Club, con una cabina donde los autos se detienen a la espera del ok de los encargados de seguridad que habilitan el ingreso. En el día de Le Perfect Match, el acceso fue abierto. Normalmente, sólo pasan los socios, pertenecientes en su mayoría a la aristocracia francesa.

Ya dentro, se ve un hermoso jardín y de inmediato aparece la cancha, de medidas más pequeñas que las nuestras, con un largo de 254 metros. La tabla que limita la cancha tiene el césped del rectángulo verde, de un lado, y arena, del otro. Sí, arena.

En el medio de la cancha, está el club house. Posee un salón interno al que sólo se accede con corbata, y una terraza para comer al aire libre muy pegada al escenario de juego. Tan pegada que un argentino recordó una vez que un caballo pasó la tabla, también la libustrina y llegó hasta las mesas interrumpiendo el apetito de los comensales.

Al final de la tabla, cerca de los palenques, asoman las caballerizas. Otra rareza si se piensa en las canchas argentinas: hay caballos, la mayoría de equitación, que duermen a escasos cinco metros del campo de polo. Era curioso y hasta ciertamente gracioso observar como mientras ocho de los diez mejores polistas del mundo jugaban el primer partido perfecto en Europa, algunos caballos sacaban la cabeza de su stud como espiando el espéctáculo que alteraba su calma rutina diaria.

Postales del club de Polo de París. Con fisonomía distinta, pero con la misma pasión por este deporte.

 

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