Por Carlos Beer. Para que una empresa crezca, lo mejor es la capacitación de todos sus empleados. Todos: desde el gerente top hasta la torpe secretaria. Para que un equipo de cualquier deporte crezca, lo mismo. Desde el director técnico hasta el masajista.
El polo es un poco y un poco: empresa y deporte. En la cancha es un juego, que fuera de ella funciona como una empresa en constante crecimiento. Varias veces hemos dicho en este espacio que los jugadores han avanzado en su preparación. Varios, aunque no todos. Es muy común ver antes de los partidos a polistas como los chicos de Ellerstina, Mariano Aguerre, Adolfo Cambiaso y los Novillo Astrada, entre otros, realizando ejercicios precompetitivos.
Así debería ser con todos. Como sucede con los petiseros. Se anuncia el segundo curso para estos trabajadores del polo y, aunque a primera instancia parezca algo innecesario, esa es la mirada actual. Dentro de varios años, se valorará más alguien instruido en esta especialidad antes que un novato. Un día había que empezar.
Se tratarán temas, según la gacetilla de prensa que figura en esta misma web, como comportamiento del caballo, manejo de caballeriza, equitación y veterinaria básica. Se trata, más que nada, de aprender. Es el primer paso para mejorar. Desde el que hace el gol de oro hasta el que prepara los caballos.
Foto: Petiseros de Loro Piana, fundamentales en el triunfo del equipo en la Copa de Oro de Inglaterra en 2008 festejan junto a los jugadores.
Tags: Carlos Beer, Columna

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